La pandemia del COVID-19 ha causado inmensos desplomes en la bolsa de valores y el precio del petróleo
Si la crisis afecta a las empresas, la ciudadanía será la principal damnificada
La expansión del coronavirus ha causado una revolución económica en todas las bolsas de valores y ha aumentado la preocupación por una posible crisis global, mucho peor que la de 2008.
Si bien los mercados llevan devaluándose desde febrero, la llegada del COVID-19 a los países occidentales ha incrementado el desplome económico a nivel mundial. El jueves, 12 de marzo, el Ibex 35 se hundió un 14%. El pasado lunes, Wall Street sufrió una caída del 12,94%, un 0,12% más que en el ‘crack del 29’. Por su parte, el NASDAQ, la segunda bolsa de valores estadounidense más grande, se derrumbó un 12,32%.
¿Cómo funciona la bolsa?
Explicado de manera sencilla, las bolsas de valores son espacios donde las empresas venden sus acciones para conseguir financiación.
Imagina que tienes una tarta (una empresa) y que quieres hacerla crecer. Para ello, necesitas que alguien invierta dinero (capital) en tu proyecto. Por ese capital, tú le das un pequeño trozo de tu tarta. Puedes emplear el capital en mejorar o publicitar el producto o servicio que tu tarta (tu empresa) ofrece para así ganar clientes y aumentar beneficios. Si lo haces bien, la tarta crecerá, incluído el trozo que le has dado al inversor. Por tanto, ese trozo ahora vale más de lo que pagó inicialmente. De este modo, tanto tú como tu inversor (o inversores) salís ganando. Pero si sale mal, la tarta puede hacerse más pequeña, provocando una importante pérdida de dinero, o mejor dicho, de valor.
¿Cómo afecta el coronavirus a la bolsa?
Medidas como la cuarentena o el cierre de fronteras afectan directamente al consumo y la producción. Para evitar el contagio, muchas empresas han sido obligadas a cerrar temporalmente en diferentes países, de modo que no están generando ningún beneficio, es decir, la tarta no crece.
Las empresas que continúan abiertas tienen ahora menos demanda, ya que la población está confinada en su casa.
Además, la producción se reduce por dos posibles motivos: por un lado el cierre de fronteras impide que obtengas los materiales y recursos con los que las empresas generan su oferta. Por otro lado, los trabajadores en cuarentena no pueden manipular esos materiales para crear la oferta que vendes. Si ahora tienes menos que vender, también tienes menos que ganar.
Esto, cuando no genera pérdidas, sí causa una rebaja de los beneficios. Dicho de otro modo, o la tarta mengua, o bien crece más lento.
¿Cómo afecta la caída de la bolsa a la ciudadanía?
Cuando las empresas pierden dinero, quien sale peor parado es la base de la pirámide: la clase obrera. Estas pérdidas económicas se traducen en un deterioro de las condiciones laborales. Los despidos masivos como los ERTES (despidos temporales), reducción de los días de vacaciones y de sueldo, etc. Esto supone un problema real, ya que los ingresos en las casas disminuyen, pero deben seguir afrontando los mismos gastos (alquiler o hipoteca, luz, agua…).
¿Qué podemos hacer?
Son muchas las medidas que pueden tomarse para proteger el bienestar de la población. Desde ideas más radicales, como nacionalizar las empresas o que pasen a ser propiedad de las trabajadoras y trabajadores, hasta más moderadas como la intervención del estado en la economía.
Algunos países ya han comenzado a tomar cartas en el asunto. Italia ha prohibido los despidos durante los próximos dos meses; Francia ha suspendido el pago de servicios de necesidad básica; Dinamarca subvencionará el 75% del salario; España, por su parte, ha decidido fusionar la sanidad privada y la pública para hacer mejor uso de los recursos.
Lo que queda científicamente probado, es que en situaciones extraordinarias como una pandemia, las fórmulas neoliberales deben ser descartadas para atender eficientemente a las fallas de mercado.
